Corazones latiendo

domingo, 1 de julio de 2012

Pura adicción.

Cómo un cigarro para un fumador. Cómo ese último sorbo de ginebra para un alcohólico. Cómo ese chute para un drogadicto. Eres pura adicción. Eres cómo esas mañanas de sol en invierno, cómo esos soplos de viento en verano. Eres el placer de tocar el suelo con los pies descalzos o el lado más frío de la cama en verano. Eres todo lo bueno y todo lo malo. Eres todo lo qué te hace bien y a la vez mal. Eres lo qué quiero, y lo qué no quiero, ver. Muchas veces te conviertes en algo más qué todo eso. Te conviertes en pura adicción. Algo más, algo fuerte, ajeno a los sentidos. Eres todo eso qué te hace desvariar. Eres justo lo qué quiero.

Quiero a ese chico.

Quiero a alguien qué convierta mis días malos en buenos, qué no se enfade cuando no me entiende, porque lo más probable es qué no me entienda ni yo misma. Qué no dé por echo qué siempre voy a estar allí, pero qué tampoco lo dude. Qué no me haga sufrir porque sí, pero tampoco me venda amor eterno. Quiero a alguien qué no pueda caminar conmigo por la calle sin tener que cogerme de la mano, qué no me compre con regalos, pero qué tenga mil detalles. Quiero a alguien qué esté loco por mí, y no se olvide de decírmelo. Alguien que si mira a otra, me guiña un ojo, y se ría de mis celos. Y sobre todo, quiero a alguien qué no tenga que perderme para darse cuenta de qué me había encontrado

Sé lo qué quiero.

No hay monstruos en el armario, ni los reyes magos te vigilan para ver todo lo malo que haces. Sé qué los malos son muy malos, y los buenos no son tan buenos. Créeme, qué he aprendido los conciertos están para dejarse lo pies, y la voz. Qué los besos a escondidas saben mejor. Qué un baño de agua fría a veces sienta tan bien cómo uno de agua caliente. Qué el mundo está plagado de personas agradables, y a la vez, de personas qué no merecen ser llamadas personas. Ahora sé qué no hay calcetines para el pie derecho, ni para el pie izquierdo. Qué los tacones a las cuatro de la mañana en una fiesta, ya no están para los pies. Qué las medias se rompen muy fácilmente, y qué los pintalabios rojos no se borran de las camisas blancas. Y lo más importante, sé qué de siete días de la semana, yo te quiero ocho.