Corazones latiendo

domingo, 24 de abril de 2016

Aún quedan cosas


Me rompieron una vez el corazón. Me rompieron las ilusiones, los sueños que tenía a su lado. Me lo rompieron todo, me lo rompió todo. La diferencia es que en el momento de decir adiós, no sentí dolor, porque ya me habían roto. Quizás me ilusioné demasiado rápido, quizás quise demasiado rápido. Pero me prometí que no volvería hacerlo. Que no volvería a enamorarme de nuevo. Que no volvería a querer, ni siquiera a ilusionarme. Pero fallé...

Fallé y me enamoré.
Me enamoré de él. Amé sus imperfecciones, incluso amé más que lo que le hacían perfecto. Le amé más de lo que he amado alguna vez.
Amé la manera que me miraba a mí, diferente al resto, diferente a cualquiera. Todos creían que su mirada era la misma con todos, pero yo sabía que conmigo se suavizaba, que me miraba con ternura, que me miraba con amor... Me enamoré de su risa, esa risa que quería escucharla una y otra vez; y hacía cualquier tontería para verla aparecer por sus labios. Esos labios que me encantaba besar, esos labios que amaba cuando sonreían. Incluso cuando se enfadaba; porque cuando esos ojos me miraban, esos labios se convertían en sonrisa, esa sonrisa me besaba, esos brazos me abrazaban y mi corazón se enamoraba.

Recuerdo todo, recuerdo cada mensaje, recuerdo lo poco que tardábamos en respondernos, recuerdo cada audio, recuerdo cada sonrisa en cada audio, recuerdo cada foto, recuerdo cada mensaje impaciente para hablar por skype, recuerdo cada 'te quiero', recuerdo las ganas que teníamos de vernos, recuerdo nuestro primer abrazo, nuestro primer beso, recuerdo todas las promesas, recuerdo tus lágrimas cuando nos despedimos aquel domingo rodeado de desconocidos, rodeado de autobuses, rodeado de kilómetros, recuerdo esos días perdida entre las sábanas junto a tu piel, junto a ti. Recuerdo sonreír automáticamente cuando tú me mirabas. Recuerdo que me prometiste que me esperarías, pero también recuerdo que fallaste a todas tus promesas. Lo único de lo que no recuerdo es cuando fue el momento en el que te perdí. Quizás no estuve ahí, quizás decidiste irte sin más... Sin avisar. Sin esperar. Te fuiste y aquí me quedé. Necesitándote a cada momento y tú alejándote sin más.


¿Sabes que me prometiste? Que nunca me harías daño. Me decías que tenías miedo de hacerme daño. Y te creí, no quería hacerlo, pero lo hice. Te creí y te di acceso a que derribaras todas las corazas, te di permiso a que me enamorases, porque te creí. Creí que no me harías daño y fallé.
Fallé y me enamoré de ti. Incondicionalmente de lo que pudiera pasarme después, del daño que me hicieras. Porque no lo pensaba, no pensaba en el daño que podría hacerme tu "adiós", porque creí que nunca lo harías, porque me prometiste que nunca lo harías, pero lo hiciste. Te fuiste, me hiciste daño y me rompiste. 

Le rompieron el corazón y se cerró sobre ella misma. Como una rosa queriendo proteger sus sentimientos heridos dejando al descubierto sus espinas.

Yo lo recuerdo todo, lo que no se que es lo que recuerdas tú. Ojalá algún día seas sincero conmigo. Ojalá me digas en que fallé contigo, porque cuando se trataba de ti, no quería fallar. 
Ojalá me digas en que momento te perdí, porque a ti no quería perderte.
Ojalá me digas en que momento dejaste de quererme, porque yo no dejo de hacerlo.
Ojalá me digas en que momento me olvidaste, porque yo no lo consigo.
Encajábamos tan bien, y ahora siento que falta una parte importante de ese puzle.



Duele necesitarte y que no estés.

viernes, 4 de marzo de 2016

¿Por qué decías que te tenía, cuándo no era así?


¿En qué momento te di miedo?
¿En qué momento pensaste que todo sería mejor si tenías miedo?
¿Por qué crees que soy ella?
¿Por qué creíste que después de todas las palabras de amor que me demostraste, huir de mí era la solución?
¿Por qué no cuentas los días para volver a vernos?
¿Por qué ya no me hablas cómo antes?

Me siento como una idiota leyendo cada una de nuestras antiguas conversaciones. Extraño que lo primero que hacías al despertarte era hablarme, y que te despidieras cada noche cuando te ibas a dormir. Extraño qué, incluso ocupado, me hablases, que me dijeras que me echabas de menos, que estabas empezando a tenerme cariño. ¿A dónde se fueron esos momentos? Dímelo, que voy a buscarlos.




¿A dónde fuiste?
¿Por qué te fuiste de repente?
¿Por qué decidiste tirar todos y cada uno de mis muros, para simplemente irte cuando menos me lo esperaba?
¿Por qué me dijiste todo aquello, haciéndome ilusiones, falsas ilusiones, para de repente desaparecer y llevártelas?
No eres el único con miedo, yo también tengo miedo.
Tú simplemente apareciste, pusiste todo mi mundo patas arriba, tiraste todos mis muros, me creaste tantas ilusiones, tantos sentimientos, para después poner tus muros y romperme.

¿Cómo hemos llegado a esto? ¿Cuándo ha pasado esto? Ni siquiera me he dado cuenta, de que decidiste alejarte de mí sin más.
¿Sabes qué es lo peor de todo esto? Que tú no te das cuenta. No te das cuenta de como eras antes y como eres ahora; no te das cuenta de ello, y yo sí, y duele.

¿De qué tienes miedo?
¿De mí?
¿De ti?
¿De amar y que te hagan daño?
¿De verdad crees qué te haría daño?
¿Qué hay de mí y de lo que pueda tener miedo?
¿Por qué me dabas las gracias por hacerte feliz, si ahora no me dejas seguir haciéndolo? 



No sé que hacer. Antes solía saberlo.
No sé sí avanzar o recular. Antes solía avanzar contigo a mi lado.
Me he parado aquí, sin más. Antes solía caminar contigo.
Ni siquiera sé en que punto estoy. Antes solía saber que ascendía.
No sé en que escalón me he quedado parada. Antes solía subir cada escalón.
No sé sí estoy en pie. Antes solía estar de pie.
No sé sí he caído. Antes no solía pensar en la caída que me podría dar.
No sé sí lloro cada noche. Antes solía llorar de felicidad por cada palabra dulce que me decías.
No sé sí sonríes cuando hablas conmigo. Antes solías hacerlo.
No sé sí me quieres. Antes solías decírmelo cada instante.
No sé si quieres verme. Antes solías decírmelo cada día.
No sé sí me extrañas. Antes solías decírmelo cada momento.
No sé sí llegará el día que dejes de tener miedo a amarme. Antes solías decirme "te amo."

martes, 26 de enero de 2016

Querido yo del pasado...


Debo decirte que aunque los demonios estén a punto de ganarte la partida, no dejes que lo hagan, vendrán días mejores. Días en los que te arrepentirás de no haberlo hecho y días en los que te alegrarás por haber seguido hacía delante.
Días en lo que todo se torne negro, se vuelva gris, pero siempre hay un rayo de luz en el hueco más pequeño de la habitación. Hay que luchar por agrandar ese rayo de luz. Y sé que puedes hacerlo. La vida te tiene preparada buenos momentos y también malos.

Está preparándote para decirle adiós a personas que creías mejores amigos, porque simplemente no merecen la pena que sigas desperdiciando el tiempo con ellos; y para ponerte amigos del pasado delante, porque por ellos si merece la pena luchar.
Disfruta todo lo que puedas de cada momento compartido con él, porque llegará el día que lo extrañes tanto que no sabrás que hacer.
Recuerda que siempre habrá gente que quieran hundirte y gente que te rescate cuando estés a punto de caer.

Todo el daño que te están haciendo ahora, todo el daño que crees que no vas a poder superar, se supera, que el daño te hace más fuerte; más selectiva, más cuidadosa, más fría. Pero sobre todo, todo el daño que te estás haciendo ahora, tarde en pararse, pero se parará. Dejarás de hacerte daño, te costará, pero lo harás. Y entonces conocerás a alguien que estuvo tan roto como tú y os curaréis juntos, unidos, y queriéndoos.
Un día te van a querer, quizás tú no lo hagas ni ahora, ni después; pero te van a querer por dos, y te darás cuenta de que es la sensación más humana y maravillosa del mundo. Después de todo lo sufrido la primera vez.

Te prometo que todo por lo que estás pasando ahora, va a desaparecer. Que un día dejará de doler, que las personas te dejarán de importar y cada vez que alguien se marche ni te darás cuenta. Pero, no te voy a esconder que te seguirán decepcionando y haciéndote daño.
Que un día volverás a caer, que te volverán hacer muchísimo daño, que te volverás hacer muchísimo daño; pero volverán a salvarte, volverás a salvarte y todo quedará en unas cicatrices superadas, en una lucha ganada contigo y con la vida.
Porque la vida es así, te da golpes cuando crees que ha parado... Te tendrán que decepcionar, vendrán personas nuevas, te dará miedo conocerlas, las conocerás y cuando te den algo a lo que agarrarte, simplemente se irán. Pero también habrá otras que se quedarán y debes apreciarlas, hazlo, porque muchas de ellas te salvarán y creerán en ti cuando tú ni siquiera creas en ti misma.
Pero tú seguirás hacía delante. Porque sabes que no han sido las primeras personas en irse y ni serán las últimas. Así que no te preocupes. Quien se quiera quedar contigo, se quedará, pese a todos los problemas. Quien no quiera quedarse... Ellos se lo pierden. Tú no pierdes nada de ellos, ellos de ti sí.

Pero sobre todo, deberías saber que sentirse débil y llorar no es nada malo. Todo el mundo se siente débil alguna vez, en algún momento y que todo el mundo llora. Es algo normal, es algo natural. No debes sentir vergüenza por llorar o por sentirte débil ante la partida de los demás; es normal, eres humana, tienes derecho a llorar o a sentirte débil. No dejes que los demás te influyan en tus estados de ánimos, ellos no saben las batallas que tienes con tu mente, ni en tus brazos. Ellos nunca conocerán todas las cicatrices que tiene en el cuerpo, ni sabrán tampoco el por qué te las hiciste, solo lo sabrás tú.
Y seguramente llegará el día que cuentes las historias de tus cicatrices, y cuando lo hagas, no te avergüences de ellas. Has sobrevivido a esas batallas contra esos demonios. Has ganado, y debes sentirte orgullosa de ello; siéntete orgullosa de la batalla ganada, de las cicatrices. Tanto de las que no se ven, de las que sí. Grítalo a los cuatro viento cuanto te sientas segura. Grita que le has ganado batallas a la vida y que sigues en pie. Hazlo.

Solo un último consejo.

Incluso tu sombra te abandonará en días oscuros, quien nunca te abandonará en momentos decisivos, serán tus instintos, guíate de ellos. Aléjate de tus impulsos, solo déjate llevar por tu instinto, ellos sabrán que hacer cuando la vida se te complique, ellos nos salvaron una vez, pueden hacerlo una vez más.

Sigue hacía delante.
No te puedo prometer que la vida es bella, porque no lo es;
pero lo es cuando sigues hacía delante y cuando miras hacía atrás
miras orgullosa todo lo superado.

Todo lo ganado y
lo que te queda por ganar.


Stay Strong.


miércoles, 23 de septiembre de 2015

Perdón si no te supe amar...


Llevo queriendo escribir esto 365 días del año.
Aún no sé qué hacer. Aún no sé cómo, ni porqué me levanto cada día.
Antes tenía un propósito, tú, pero estos 365 días se me han hecho duros y vacíos sin ti.

Fuiste arrebatado de mi lado, te fuiste una noche como la de hoy hace 365 días. No nos dio a terminar muchos de nuestros sueños, no nos dio tiempo a terminar muchos de nuestros caminos. Nos quedamos a medio camino, y yo me encuentro completamente perdida. Podrías haberme dejado un destino, un camino o un simple mapa... Pero me quedé sin nada, cuando te perdí.

Nunca entenderé cómo era posible que tú, sonrieras siempre. A ti, a quien la vida te ha tratado tan mal, nos tenías que animar a los demás. Eras nuestro muro de contención, te fuiste y todo se derrumbó. Todos nos vinimos abajo, yo aún no se donde está la luz en esta oscuridad vacía. Oscuridad en la que tú eras mi luz de cada día.

¿Cómo te va? ¿Estás bien? ¿Te gusta verme sonreír cuándo es sincera? ¿Te encelas cuándo ves a otros abrazarme y darme esos consejos qué deberían ser tuyos? ¿Te frustras conmigo cuándo ves que hago las cosas mal? ¿Por qué no me enseñaste a llorar en los días tristes y a reír en los días alegres? Tú lo hacías, tú eras capaz de mostrar todos y cada uno de tus sentimientos, y sé que lo intentabas conmigo, quizás lo debí intentar más... Quizás debí estar más contigo, quizás no aproveché demasiado los momentos, quizás siempre pensé que lo superarías y estarías aquí siempre. Ayudándome en cada caída, alejándome de cada piedra y rescatándome de cada pozo...

Recuerdo preguntar, "¿cómo superas algo?", creo que simplemente no lo superas, si no que cada día duele menos, cada día se hace más ligera la despedida. Simplemente te acostumbras a llevarlo encima, a revivirlo cada 365 días y a llorar en silencio otros tantos. Hasta que te acostumbras a ello, hasta que lo llevas tan dentro de ti que simplemente es un trozo más de ti.

Tú más que nadie sabes que estoy intentando ser feliz, sonreír de verdad, reír de verdad. Pero, no siempre puedo, no siempre me sale, porque con quien quiero compartir estas sonrisas, estás risas, es contigo. Duele recibir noticias buenas, y a quien quiero contárselo primero es a ti. Duele muchísimo, incluso aunque sepa que eres el primero que lo ha sabido, porque has estado ahí, porque sé que estas conmigo siempre. Pero duele. No es lo mismo.

¿Sabes qué el cascabel ha durado 365 días? El color ya se fue. Pero el dolor sigue ahí. Dijiste que en cuanto se fuera el color, también se iría el dolor, pero no ha sido así. Y no creo que algún día se vaya.
Ese cascabel que fue tu último regalo, la última cosa que tocaste, siento como si estuvieras ahí siempre conmigo, te juro que te  puedo notar. ¿Seguirás ahí siempre conmigo? ¿Prometes mantener la promesa de que nunca me vas a abandonar? Ojalá te vuelva a encontrar. Ojalá algún día pueda volver abrazarte. Ojalá algún día pueda volver a verte, escuchar tu voz.

¿Podrías bajar un rato y darme unos de tus abrazos? Por favor. Cuídanos ahí donde estás.

Will you be my nightingale? I will be.

jueves, 23 de octubre de 2014

"I will be"


Me gustaría saber si eres feliz, si estás bien donde estás, si velas por nosotros.
Me gustaría poder verte de nuevo, escuchar el sonido de tu voz, el sonido de tu risa.
Sigo recordando cada uno de tus gestos, hecho de menos cada unas de tus caras, esas caras que me hacías para que sonriese.
Cantar contigo todas y cada una de las canciones que adorábamos cantar juntos.
Ver todos los partidos que nos prometimos.
Recorrer el mundo entero a tu lado.
Me he sentido tan orgullosa de que fueses mi mejor amigo, y que decidieras compartir tus días conmigo...
Sé que no quisiste que nada de esto pasara, sé qué la promesa que me prometiste aquel día era sincera.
Pero tú mismo lo dijiste, la vida era demasiado corta.
Hoy día 23, tengo los sentimientos más a flor de piel, recuerdo cada palabra aquel día, cada gesto y cada momento. No puedo dejar de recordar todo lo vivido aquel día y ese horrible final.
Sé que no nos has abandonado, pero... no quiero vivir estos días sin ti, no puedo. Pensé que perder a un novio, o a una amiga que podría ver cada día por cualquier lado, era lo duro, pero me he dado cuenta de que no es así.
Lo duro es necesitarte y saber que aunque quieras no podrás venir, que no podré despertarte a las cinco de la mañana porque no puedo dormir, o no caminar juntos por cualquier lugar y perdernos, aunque después sepamos volver. Que no podré ver realizar tus sueños, no te veré crecer, ni esperar que cumplas los míos que quería compartir contigo.
Eras quien me levantaba cuando me caía, la fuerza que me faltaba cuando pensaba que estaba todo perdido... Ahora, cuándo me caiga, ¿quién va a venir a levantarme? Cuando piense que todo está perdido, ¿quién va a venir a darme la fuerza qué necesito?
Se supone que tengo que seguir mi vida, aunque cada día este más vacía. Pero, es que cada minuto de mi vida, quería compartirlo contigo, que fueras completamente parte de mi día a día, de mi vida...
Me da miedo olvidarte, de olvidar todos tus gestos, del sonido de tu voz, de tu risa...



Contigo todo era más fácil...

jueves, 25 de septiembre de 2014

Aún no tenías que irte


No era tu día, no era tu momento. Aún era demasiado temprano para decirte adiós. Nos quedaba una vida por delante, juntos.
Quizás es cierto lo que dicen, que en esta vida somos peones, esperando el día del adiós final.
Pero lo que no nos avisa de que da igual la edad que tengamos, del día que sea, nos iremos sin avisar.
Llevo cuatro días aquí sentada, frente al ordenador, esperando escribirte algo, necesito desahogarme, y nadie tiene palabras para un desconsuelo tan grande.
En esta vida he perdido a mucha gente, pero, si quiero saber algo de ellos, voy a sus redes sociales, o simplemente los termino viendo por la calle y los saludo.
Pero es algo que no podré volver hacer contigo, porque te has ido.
No podré cotillearte lo que dices por las redes sociales, no pondrás nada nuevo para mí, nada que me haga sonreír.
No podré volver a verte, ni que sonriamos o riamos a la misma vez.
No podré saludarte, abrazarte, ni desahogarme contigo, como hacíamos cada día, juntos.
No podrás volver a decir todas aquellas hermosas cosas que me decías.
¿A quién le voy a contar cualquier cosa feliz qué me pase? ¿Quién me va a dar un abrazo en mis peores días? ¿Quién me va hacer todo lo que tú me hacías o decías?
Duele mucho que no estés aquí, duele tanto, que te necesite y no estés.
Tus últimas palabras no hacen más que repetirse dentro de mi interior, dentro de mi cabeza...


¿Podrías volver? ¿Podrías decirme todo aquello que me dijiste antes de irte?
No puedo superar esto sin ti... De verdad, sin ti no puedo.

sábado, 13 de septiembre de 2014

Me siento abrumada, agotada.


Creo que he llegado a un punto de mi vida, que he tocado fondo. Que no veo ninguna luz por ningún lado, y no veo ninguna mano agarrándome para salir.
Aquellas manos que me prometieron un "para siempre", desaparecieron y me demostraron que los "para siempre" no existen.
Que los Reyes Magos, son más reales que esas palabras...

Después de aquellas manos, vinieron otras más, pero ¿de qué sirven, si no me puedo desahogar?
Me he cansado de que mis problemas se tomen a cachondeo, de que tenga que ser el consuelo de muchos, y yo no poder consolarme en nadie.
¿No se supone que los amigos están para algo? ¿Qué ellos te apoyan cuando tú les apoyas?
¿Qué es lo que hago mal? ¿Por qué todos pueden desahogarse conmigo, y yo nunca puedo hacerlo con nadie? ¿Acaso se piensan que yo no tengo problemas? ¿Qué no me agobio con nada? ¿Qué no exploto?
Siento tantas cosas dentro de mí y no poder contar nada, que no sé donde irán mis problemas cuando necesite un amigo.
De verdad, ¿le importo a alguien o simplemente soy la típica tía que solo puede ser amiga por un lado y no por ambos...?
Necesito a alguien en quien confiar, y necesito que ese alguien sepa tomarse mis problemas en serio, y no puro cachondeo...
Soy una persona, tengo sentimientos, lloro, río y tengo problemas como todo el mundo.
¿Por qué nadie me toma en serio? ¿Por qué?